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Comprobado: el estrés destruye nuestro sistema inmune

Ante una situación extrema, nuestro cuerpo reacciona liberando hormonas como la adrenalina, que nos brinda la posibilidad de un mejor desempeño ante la amenaza. Si alguien nos persigue, es posible que corramos más rápido y tengamos más fuerza que de costumbre. Y no solo liberamos hormonas sino que además, el cuerpo «apaga» algunas otras funciones corporales que requieren mucha energía, como la digestión.

Este esfuerzo adicional no es gratis y nuestro cuerpo necesita recuperarse. Cuando se trata de una situación aislada, no tendrá problemas para recuperarse rápidamente, pero en situaciones recurrentes, el cuerpo en general se verá resentido por esta carga.

No es extraño que las personas que sufren mucho estrés también sufran otro tipo de dolencias fundamentalmente digestivas, como acidez, estreñimiento o malestar en general.

Además de afectar la digestión, el estrés crónico también afecta directamente el sistema inmunológico, reduciendo o dificultando la producción de glóbulos blancos, que son la principal herramienta de defensa del organismo ante invasores externos.

Esto nos hace más vulnerables a adquirir todo tipo de virus y enfermedades que el cuerpo no podría combatir apropiadamente. Del mismo modo, los expertos señalan que en los niños es especialmente peligroso debido a que el estrés crónico puede llegar a suprimir la segregación de la hormona de crecimiento, en mujeres puede causar alteraciones en el ciclo menstrual, y en los hombres todo tipo de problemas sexuales, como la pérdida de la libido sexual o disfunción eréctil.

Ante estos síntomas y ante la presencia de posibles situaciones estresantes en nuestra vida diaria, podemos combatirlo dándole más herramientas a nuestro sistema inmune, con vitaminas y minerales:

Vitamina C:
Aumenta la producción de interferón (sustancia celular que impide a una amplia gama de virus e infecciones), por lo que la inmunidad se puede potenciar. Esta vitamina es necesaria para formar colágeno, un componente esencial de las membranas de las células, por lo que la vitamina C contribuye al mantenimiento de las barreras naturales contra las infecciones.

Esta se encuentra en cítricos como: Naranjas, kiwi, mango, piña, cítricos, melón, fresas, pimientos, tomate, verduras de la familia de la col, frutas y hortalizas en general.

Vitaminas del grupo B:
Las vitaminas del complejo B son muy importantes para el sistema inmunitario.
La vitamina B6, por ejemplo, ayuda a producir leucocitos (glóbulos blancos) para la defensa del organismo. La carencia de ácido fólico o vitamina B9 suprime la respuesta de algunos linfocitos (un tipo de leucocitos, muy importantes en el sistema inmunitario porque están encargados de la inmunidad específica o adquirida), lo que a su vez se acompaña de una disminución de anticuerpos.
Las deficiencias de tiamina o B1, riboflavina o B2, ácido pantoténico o B5, biotina o B8 y cianobalamina o B12, también pueden disminuir la producción de anticuerpos.

Estas vitaminas las encontramos en la mayoría de alimentos de origen vegetal (verduras, fruta fresca, frutos secos, cereales, legumbres) y en los de origen animal (carne y vísceras, pescado y marisco, huevos y en los productos lácteos).
El ácido fólico se encuentra mayoritariamente en la verdura de hoja verde, legumbres verdes, frutas, cereales y el hígado. La vitamina B12 abunda en el hígado y el marisco, pero también está presente en alimentos como carne, pescado, huevos y productos lácteos.

Selenio:
Es un antioxidante y antidepresivo. Es un poderoso antídoto para las intoxicaciones por metales pesados, estimula el sistema inmunológico e interviene en el funcionamiento de la tiroides. Su déficit tiene un papel importante en el hipotiroidismo.

Podemos encontrar selenio en:

Alimentos de origen vegetal: Arroz, avena (granos y copos), cebada en grano, centeno, maiz, trigo, pan, pasta. Mandarinas, manzanzas, naranjas, piña, pera, plátano, uvas, champiñones, setas, ajos, boniatos, col, enbidias, guisantes, judias, lechuga, puerro, pepino, rabano, remolacha, soja, zanahoria, almendras, anacardos, avellannas, coco y levadura de cerveza (igual se me queda algún alimento más).

Alimentos de origen animal: Huevos, leche, quesos madurados, atún, bacalao, salmón, sardina, trucha, hígado de pollo.

El Zinc
La carencia de este mineral es relativamente común en niños, mujeres embarazadas, madres en lactancia, ancianos y personas vegetarianas. El zinc se encuentra en las células por todo el cuerpo. Es necesario para que el sistema de defensa del cuerpo trabaje apropiadamente. Es muy importante en la división y crecimiento de las células, al igual que en la cicatrización de heridas y en el metabolismo de los hidratos de carbono. El zinc también es necesario para los sentidos del olfato y del gusto. Durante el embarazo, la lactancia y la niñez, el cuerpo necesita zinc para crecer y desarrollarse apropiadamente.

El zinc se encuentra en los mariscos, germen de trigo y cereales, carne, huevos y productos lácteos.

Aunque una buena alimentación siempre mejorará nuestra calidad de vida, no podemos olvidar que hay que relajarse y vivir un poco más el presente libres de preocupaciones.
El estrés y la ansiedad marcan mucho nuestra vida y no nos sirven de nada.

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